Hace más de tres meses algo extraño sucedió. Raai (que no la RAE) dejó de aparecer en mis fotos. Tras un año de verla diario, viajar con ella, dormir con ella, llorar con ella, comer con ella, reír con ella y filosofar con ella, alguien me la quitó. Puse una denuncia para localizarla, he colocado carteles en toda la ciudad, he llamado a la Embajada de España, negociado con los colombianos, buscado en Gaza, preguntado si en el Amazonas examina algún animal raro y nada. La Raai, simplemente, me dejó. Si alguien la ve, dígale que la extraño, porque por las mañanas no hay quien me diga «¡Hola, pequeño Enano!», ni quien me cuide de las multitudes, ni quien viaje conmigo y ni quien pueda llenar el hueco que dejó en las fotografías.

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