
Me arreglo bonita y me pongo el mejor de los vestidos para que me notes. Quiero gustarte, pero pasan las horas y no apareces; yo muevo el pie impaciente y comienzo a apretar la sonrisa. Entonces, se me quita la ilusión de verte y de hacer las cosas bien. Comienzo a pensar en todo lo que pasamos y me enojo, y me dan ganas de huir, y entre desesperación e incertidumbre mi cara se pone como una sombrilla. Luego llegas, quiero gritarte por haberme plantado, por no darte cuenta de que me puse bonita para ti, pero, cuando te veo, sólo pienso: aún podemos salvar la noche.
Deja un comentario