Comienza la paz. Ayer, repentinamente, abrí los ojos y el corazón. La vida sigue mientras haya vida. Agradezco los buenos momentos, de los malos, ya he aprendido. No me resigno, pero tampoco espero, supongo o aguardo. La claridad llega cuando se muere lo malo. Yo no guardo ningún rencor o resentimiento. Ahora sólo quisiera entender por qué lleva tanto tiempo enojado con él mismo.
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