Seguramente ellos no lo recuerdan, pero aquel año sucedió entre la reunificación de Vietnam, la elección de Jimmy Carter como presidente de Estados Unidos, la muerte de Heidegger y Fritz Lang, los Juegos Olímpicos de Montreal, el golpe de Estado en Argentina y, casualmente, una extraña fiebre porcina. Ese año bisiesto, el mismo que mis papás eligieron para contraer matrimonio, el horóscopo chino lo pronosticó como «bueno para casarse, porque el dragón benévolo trae buena fortuna y felicidad». Mis gordos, sin saberlo, fueron bendecidos hace 33 años por el mítico animal.
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