El dominicano que se robó mi corazón

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Yamil es una de las personas a las que más quiero en todos los husos horarios del planeta, aunque no compartamos ni tiempo ni espacio. Es curioso, llegó a mi casa el día de Navidad de 2007 sin que yo supiera de su existencia, como un regalo, como la sorpresa debajo del árbol. Triste, con el corazón un poco roto, en un país lejano y frío por aquella época, él apareció para regalarme todo el Caribe que lleva por dentro.

Durante casi un año, fuimos inseparables. Fue mi confidente, amigo, apoyo, soporte, paño de lágrimas, compañero de comidas y caminatas, la persona que me cuidó cuando estaba perdida y una de las personas que mejor sabe hacerme reír. Algunas veces discutimos, porque entre su dominicano y mi mexicano no nos poníamos de acuerdo. Sin embargo, entre él y yo, las palabras valían menos que los sentimientos.

El flaquito me enseñó mucho más que todo Madrid junto, me recordó lo que es la humildad y la nobleza y me dio grandes lecciones de cómo sorprenderte ante cualquier cosa de la vida. A él le debo un millón de sonrisas, también le debo un millón de gracias por haber aparecido y hacer mi vida más feliz.


2 respuestas

  1. Anónimo

    Yamil es un gran amigo. Que bueno es saber que lo valoras en su justa medida. Un abrazo Enano.

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  2. Anónimo

    Se ve nuy buena gente.

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