Anda desganado, pero intenta hacer como que todo va bien, porque en su extraño mundo no debería pasar nada malo. Camina un poco más lento de lo normal y no habla durante la cena, salvo para hacer un atinado apunte. Mira su taza y reflexiona con su muy particular silencio. Me ve y sonríe con esa bocota de niño de casi 62 años, pero sus ojitos cafés siguen tristes. Está preocupado, acaso porque aún tiene muchos pendientes, acaso porque aún ama a la mujer de su derecha. Yo lo abrazo, él responde y entonces todo se pinta de colores. Nacho tuvo un microinfarto, inversamente proporcional al tamaño de su corazón.
Anda desganado, pero intenta hacer como que todo va bien, porque en su extraño mundo no debería pasar nada malo. Camina un poco más lento de lo normal y no habla durante la cena, salvo para hacer un atinado apunte. Mira su taza y reflexiona con su muy particular silencio. Me ve y sonríe con esa bocota de niño de casi 62 años, pero sus ojitos cafés siguen tristes. Está preocupado, acaso porque aún tiene muchos pendientes, acaso porque aún ama a la mujer de su derecha. Yo lo abrazo, él responde y entonces todo se pinta de colores. Nacho tuvo un microinfarto, inversamente proporcional al tamaño de su corazón.
Replica a Anónimo Cancelar la respuesta