Viven de los recuerdos y disfrutan de esos frutos que alguna vez cosecharon. ¿Qué más podrían hacer sino quererse después de tantas odiseas juntos? Aún unen sus manos, se besan y se entienden entre silencios, dependencias y complicidades. Ya no tienen tiempo para los complejos, porque a su edad sólo les queda disfrutar sin esperar nada a cambio.
Ahora que su andar es más lento, los miro con una profunda nostalgia, porque los quiero, porque los admiro y porque los respeto. Ahora que «Los Pipes» son más sabios y más ellos, pienso que envejecer, lejos de ser duro, debe ser hermoso, si a tu lado está el compañero de batallas y el artífice de tus sueños.

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