Reflexiones de aniversario

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Cumplo un año de trabajar en X. Como mi seguridad corre peligro, no escribiré el nombre del lugar en el que laboro aunque ya lo saben quienes lo tienen que saber. En realidad no cumplo un año, sería el tercero, pero como no fue consecutivo, entonces festejo uno de haber regresado. Lo de festejar es mero formalismo, porque no estoy precisamente orgullosa de ser sobreexplotada, de maldormir, malcomer, malganar, de malvivir, pues. Por eso, y porque, como diría la Raai (que no la Rae), pertenezco a la generación Y, sé que pronto he de volar. Pronto no es un mes, pronto podría ser pasando la cuesta de enero. Habría que mirar al extranjero, no porque yo sea malinchista, sino porque aún quiero comerme el mundo. No tengo aires de grandeza, que quede bien claro, sólo que los pies me pesan muy poco. Tampoco es que quiera huir, es sólo que nadie puede pensar que una vida está frente al monitor, salvo Bill Gates y Steven Jobs y su tocayo Wozniak. El punto es que, eventos recientes me hacen confirmar que mi futuro no está aquí, y cuando digo aquí me refiero a México. Es momento de comenzar a cambiar el rumbo. Never better.

Un comentario

  1. Anónimo

    Vente pal primer mundo, güey.

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