– Serán todos tuyos, porque no sé cuándo volveré a verte.
– En ese momento sabré si te extrañaba.
– ¿Hasta entonces?
– Acaso la punzada perpetua del ventrículo es mera soberbia, pero, sin empacho, podría advertir ahora mismo esta corazonada. Sé lo que siento por ti, pero hasta entonces sabré si en verdad te echaba yo de menos o es solo un corazón loco.
– ¿Es pertinente alegar locura?
– No es casualidad que pase noches enteras observando las fotos de tus tenis o estudiando la manera como te abrazan los hombres a tu lado, para inventar mejores.
– Mis tenis dieron una gran batalla…
– Lo sé, pero dichoso aquel que pudo desnudar tus pies y juguetear con tus pulgares.

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta