
CENA EN COMPAÑÍA. Cada noche, un pastor alemán visita la playa de Mismaloya. Ahí se echa horas enteras en la arena esperando que algún comensal se apiade de él y le arroje alguna de sus sobras. Nunca sucede, pero el perro acude puntualmente a su cita, a la que también asisten el mar y las estrellas.
ROSTROS Y PROTAGONISTAS. Los hoteles se convierten en pequeñas ciudades, en las que convive casi cualquier especie humana. Están los jubilados, las amigas que acuden en busca de un amorío y la familia entera que parece invadir más que vacacionar. Pero de todos los rostros que vi, el único que me causó curiosidad fue el de dos señores con sus amantes… ojalá así hubieran tratado a sus esposas, hasta bailaron los condenadotes.
A LA LUZ DE LAS VELAS. Prepare una cena romántica con el mar como escenario y a la luz de las velas. Elija la mejor comida gourmet de la temporada y ponga música tropical de fondo. Sólo cerciórese de que su afortunad@ acompañante no sea alérgica a los alimentos, porque puede resultar contraproducente.
CONSCIENCIA ECOLÓGICA. Los lancheros de la bahía jalisciense están al pendiente de la fauna que pasea por sus costas. Si logran ver alguna especie marina, alertan al resto de los nativos para que no vayan a causar ningún daño al animal. Lo hacen porque, como dicen, «es su patrimonio, es lo único que tienen».
PESCA TRIUNFAL. Tremendo alborto el que se armó en el muelle de Boca de Tomatlán, cuando el más pequeño de siete niños logró pescar un sapo. El chiquito logró la hazaña con una botella de Coca-Cola, hilo más corriente que común y una bola de migajón como cebo.
BUENOS ANFITRIONES. Farid e Isabella tienen un pequeño negocio de comida en Yelapa. Isabella tiene 7 años, pero atiende a los comensales mejor que en cualquier restaurante con estrella Michelín. Farid, su padre, es el mexicano más digno que he conocido en mucho tiempo. Hace unos días, el hombre se ofreció a llevarnos en su lancha hasta su pueblo, porque de otra forma no alcanzaríamos a disfrutar de una hermosa cascada que hay en su lugar natal. No nos cobró ni un centavo, sólo nos pidió que algún día regresáramos.
EL ÚLTIMO VISTAZO. Desde el asiento 6E del avión se alcanza a ver la bandera mexicana ondeando en el Aeropuerto de Puerto Vallarta. Pienso, como siempre, que es realmente bonita. Pero me da un retortijón en la barriga y recuerdo que minutos antes una mujer me impidió comprar en una tienda del Duty Free por no ser extranjera, o, más bien dicho, por no tener dólares. ¡Qué ironía, en zona federal y mi dinero mexicano no vale! Ahora sí que, como dicen, ¡Viva México, cabrones!
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