Días tristes, de enfermedad, de agotamiento. No te ha bastado con estar ahí, tu haces más, es lo justo para ti. Haces de todo con tal de sacarme de mi autoaislamiento. Tu último antibiótico resulta más efectivo que el anterior. Me llevas a la intemperie, a tomar un poco del sol que no he visto en días. Encuentras un payaso en medio de un patio colonial. Tú te sumas al espectáculo y te vuelves más histriónico que el artista callejero. La armas de chambelán o de guerrero con tal de verme sonreír. Lo logras, pero no paras. Decides convertirte en el centro del show y montas todo un numerito. Mis carcajadas comienzan a brotar hasta convertirse en lágrimas. Tu no dejas de mirarme, quieres asegurarte de que no pare de reír. El tipo de al lado nos observa: «Lo que hace un hombre por verte feliz». Afirmo con la cabeza y cierro los ojos. «Ese hombre se transforma en niño para regresarme a la edad de la inocencia». ¡Chapó!

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