Como paso por lo menos 12 horas diarias en la «chamba», los muchachos son como mi otra familia. Así, simple, nos aguantamos, nos enojamos, nos reímos, nos preocupamos, nos alucinamos, no inconformamos, nos queremos, nos burlamos, nos apoyamos… No salen todos en la foto, pero están siempre, que es lo importante.
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