Abandoné el lugar. El viento matutino e invernal me pegó en la cara y las hojas de los árboles comenzaron a caer. Ray Charles entonó «What have I done». Busqué desesperadamente un café. «Un caramel macchiato», pedí. «¿Para la nostalgia?», respondió. «¿Cómo?», contesté sorprendida. «Traes cara de nostalgia o de añoranza», consideró. Solté una risa cínica y casi imperceptible. Nuevamente las casualidades, acaso, la nitidez.
El chico del mostrador me tomó cuatro veces la foto. «¿Usas pupilentes?», preguntó, «Es que tus ojos no salen en la imagen». Quinta toma. «Mira, esto es lo mejor que pude hacer. No tendrás ningún problema para que te identifiquen, pero sí tendrás muchos problemas en la vida», sentenció. «¿Problemas?», dije confundida. «Sí, problemas, tienes los ojos muy transparentes, así que no podrás mentir muy bien».
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