A. dice que soy balsámica, por aquello de que «sano» o hago que la gente se sienta mejor en momentos malos. En esta ocasión, el bálsamo ha sido él, pues me mandó dos joyas dignas de un «apapacho que alivia».
A continuación, la obra maestra, que quiero compartir con todos aquellos que se sienten un poco rotos.
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