Magia al final del día

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08:30 horas. Desperté porque Nacho entró al cuarto. Se había ido la luz y mi radio nunca sonó. Me había quedado dormida y tenía mucho trabajo por delante. Afuera, un día lluvioso y frío estaba esperando por mí.

08:45 horas. Me bañé y me vestí lo más rápido que pude. El frío calaba hasta los huesos. No pude secarme el cabello porque la luz no había regresado.

09:20 horas. Salí de casa con el cabello empapado. No dejaba de llover y las calles estaban encharcadas. Mis botas se mojaron y mis pies estuvieron fríos por el resto del día. No había taxis disponibles y, cuando logré tomar uno, los semáforos tampoco funcionaban. Caos vial.

10:00 horas. Llegué al trabajo. Como cada jueves, era día de juntas. Había mucha información, mucho trabajo, muchas llamadas, muchos reclamos. Trabajo a tope.

14:30 horas. Respiro para comer un sandwich.

16:00 horas. Tercera junta del día. Notifican la suspensión de una reportera. Siento lástima. Intento seguir trabajando, pero mi jefe me llama tres veces a su oficina. No puedo avanzar.

18:00 horas. Necesito un chicle. Me muerdo una, dos, tres veces. Tres mordidas en el mismo lugar en menos de diez minutos. Tonta.

19:00 horas. Cuarta junta del día. ¡Cómo se me antoja un café! El frío aumenta y para lo único que sirve es para mantenerme despierta en la reunión.

20:00 horas. Nuevamente, a la oficina de mi jefe. Filosofamos. Hablamos del presente y del futuro, de los periodistas, del empoderamiento de la información, de cómo arreglar el mundo editorial. Una hora más agotada.

21:00 horas. Tengo que sacar diez pendientes en media hora. Si no lo logro, no estaré lista para ir a cenar.

21:30 horas. Me reúno con mi gran amigo María (A.K.A. Mac). Es hora de cenar y yo muero de hambre. Nos perdemos un poco por culpa de las calles cerradas en construcción. Finalmente llegamos a Los Fondues.

22:00 horas. Ensalada de manzana con queso, que sabe a Navidad, y fondue al chipotle. Se nos olvidó pedir el pan de ajo, pero, aún así, sabe a lo mejor del día. El queso fluye por mis venas y me pongo feliz. Charla, charla, charla y charla.

23:30 horas. Aparece un ilusionista. Sus bromas son malísimas, pero él hace su mayor esfuerzo, así que aguantamos y nos dejamos sorprender. Hace varios trucos con las cartas. Elijo el 5 de corazones. Escribo mi nombre y el de Mac. El mago avienta un bonche de cartas y la nuestra queda pegada al techo. Sonrío. Al final, el día fue mágico.


Un comentario

  1. Anónimo

    Hasta ahorita me acordé del pan de ajo, jajaja.

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