– Señora divorciada con sombrero: Me parece abominable que los gays quieran adoptar.
– Poblana recién casada, de buen cuerpo: Sí, es asqueroso y nefasto, porque psiquiátricamente no están bien, son anormales.
– Esposo de la divorciada, visiblmente menor que ella y de mucho menos dinero: Es que, viejo, es perverso, los gays son gays porque crecieron en un ambiente de desunión familiar, de falta de valores.
– Marido, de origen alemán, de la buenona: Sí, yo creo que tiene que ver con que ahora las mujeres y los hombres quieren ser iguales y no es posible. O sea, cuando una mujer es exitosa profesionalmente no está bien, porque compite con el hombre, quien es el pilar de la familia. Por eso yo creo que está bien que Fer gane menos que yo, porque así ni competimos, ni se siente superior a mí, ni quiere ser independiente. ¿O no?
– La buenona poco racional: Claro, por ejemplo, yo tengo una amiga que se convirtió al lesbianismo (sí, se convirtió al lesbianismo), porque en su casa su mamá era de mucho carácter, muy machorra.
– La del sombrero, mientras le daba de comer en la boca a su querubín: Digo, no podemos ser iguales pero tampoco al extremo como los árabes. Es horrible cómo tratan a las mujeres. Son súper machos y ellas les tienen pánico a sus maridos, son sumisas. Siempre están tapadas y siempre caminando un paso atrás en espera de que el hombre dé una orden.
– El mantenido: Bueno, no sólo los árabes, los japoneses también son malas personas, ¿eh? Las mujeres siempre un paso atrás de sus maridos.
– La poblana, que a estas alturas ni el físico la salvaba: Pero es diferente, porque las japonesas gastan todo lo que quieran de sus maridos. Las ves de compras y firme y firme, y salen con mil bolsas de las mejores marcas. O sea, no está nada mal.
Así siguió la conversación, con afirmaciones absolutas que rebasaban la ignorancia. Yo con más risa que indignación, afortunadamente, porque mi chakra anajata estaba equilibrado. Por eso y porque éstos, al menos, eran imbéciles sin iniciativa. Ahora sí que, como diría el Señor: «Perdónalos, no saben lo que hacen».

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