El fin de semana me mudé. Decidí sacar casi todas mis cosas, al menos las básicas para sobrevivir. Aún quedan en mi ex habitación las películas, la música y mis libros favoritos, pero esta semana espero terminar con la mudanza. En el nuevo piso, todos creen que moriré de frío; yo también lo creo. Tengo un nuevo vecino orejón, que es un poco escandaloso, pero nada que, hasta hoy, me impida dormir. La ropa ya está toda en su lugar, gracias a la ayuda de mi mamá. Falta sacar algunas pertenencias del ex inquilino, pero pronto terminaré de borrar todo rastro suyo -¡toma eso Tipi!-. Burro a todo mundo le dice que me emancipé, con un tono entre buenaondista e irónico. Nacho no ha tomado muy bien el asunto. «Siento feo ver tu clóset vacío», dijo. «Gordo, no seas exagerado», me reí. «Sí, es que eso significa que poco a poco te nos vas», replicó. Y eso que estoy a 15 escalones de distancia.
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