Duermo poco, para no variar, pero no me cuesta trabajo conciliar el sueño. Como bien, mejor que siempre, y tengo ganas de cocinar todos los días. Descubrí que los arándanos y el queso de cabra saben bien en pan rústico. Cumplí la promesa y he ganado algunos kilos. Regresé al Café Tacuba y me supo a México. Abrieron un refugio de la sirena atrás de mi casa. El dolor de estómago se fue y las migrañas no se han aparecido. Me siento llena de energía y salgo del trabajo sabiendo que las cosas han ido bien. No hay motivos para pelear, sí los hay para reír. He disfrutado los abrazos como nunca antes. A la gente he aprendido a mirarla mejor. He regresado a hacer cosas que me hacen feliz: leer mucho, caminar mucho, ir al cine mucho, reír mucho. Abrí la cuenta de Twitter, finalmente. La mudanza está lista, sólo falta mi cama. Poco recuerdo del pasado, de lo malo, quiero decir; al presente lo disfruto y del futuro me entusiasmo. Confirmé que la luz sí llega tras el ocaso. No tengo ansiedad, ni tristeza, ni miedo, ni agobio. Tampoco conozco la angustia existencial. Good night Mr. Pain.

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta