– Iba a irme, pero mi papá me enseñó a no ser orgullosa, así que decidí darle una segunda oportunidad a esto, a lo que aún no le encuentro nombre.
– Me alegra tanto que hayas cambiado de parecer. Te odio cuando estás enojada.
– Eres muy orgulloso, al menos en el corto plazo. Si hubiera hecho caso a mi orgullo, como tú, entonces hubiéramos terminado, pero alguno de los dos tenía que ser el inteligente, así que no quise portarme digna, me hubiera hecho mucho mal. ¿Y tú, por qué aceptaste seguir con esto?
– Es simple: tus piernas son el argumento más sólido para volverme loco… Y tu sonrisa, tu sonrisa, cuida mucho lo que haces con ella.
Replica a Anónimo Cancelar la respuesta