Cuando era niña, los domingos por la tarde Nacho bajaba a lavar alguno de sus coches. Se tardaba de dos a cinco horas en promedio, porque si los lavaba, entonces tenía que arreglar los faros y si los faros ya estaban bien, pues era momento de cambiar las bujías, y cuando las bujías ya estaban cambiadas, había que darle una limpiadita al motor, y si el motor ya relucía, las vestiduras no podían quedarse atrás, y así sucesivamente. A veces mi hermano y yo lo acompañábamos, yo con más paciencia que Tipi, pero ninguno pudo aguantarle completo el paso a mi papá.
Ahora Nacho espera el cambio de sus refacciones, igual de paciente como cuando de sus coches se trataba. Un marcapasos hará que ruja como nuevo. Con la afinadita, seguro le mejorará la hojalatería y pintura, también la dirección hidráulica que ya le andaba fallando con tanto mareo. Un mes de talacha y mi viejo parecerá como auto recién salido de agencia, con una carrocería digna para su gran mecánico-corazón.
Ahora Nacho espera el cambio de sus refacciones, igual de paciente como cuando de sus coches se trataba. Un marcapasos hará que ruja como nuevo. Con la afinadita, seguro le mejorará la hojalatería y pintura, también la dirección hidráulica que ya le andaba fallando con tanto mareo. Un mes de talacha y mi viejo parecerá como auto recién salido de agencia, con una carrocería digna para su gran mecánico-corazón.
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