Un buen día, Raai (que no la RAE), comentó: «¿Te has dado cuenta de todo el daño que nos ha hecho Walt Disney? Nos ha arruinado la vida». Se refería al patrón de mujer que la compañía ha impuesto en todas sus películas, en las princesas perfectas, de pelo perfecto, ojos perfectos y cintura perfecta, que, sin importar la raza, siempre nos restregan su belleza. Yo creo que es peor que eso, peor que el estereotipo físico, Walt Disney ha vendido la idea de la mujer débil y sumisa e ingenua, que, como Eva, cae en las tentaciones del mal. Salvo en el caso de Mulan o Pocahontas, a quien por cierto Disney no cuenta como princesas, las protagonistas son mujeres sin carácter ni fuerza interior, que esperan siempre ser salvadas. ¿Salvadas? ¡Aaagghh! Claro, como si existieran los príncipes nobles, fieles y gallardos, que nos vendrán a rescatar de nuestra estupidez. Juro que no tiene que ver con Dorffman y Mattelard y su Para leer al Pato Donald, que no es un ataque al imperialismo o a la industria cultural, ni es un análisis profundo del machismo en la infancia, ni soy una feminista resentida, es más, no simpatizo con las feministas, sólo creo que Disney nos pudo haber enseñado que el «y vivieron felices para siempre» era un poco más complejo.

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