Algo así como a la inversa de un dios, en quien creemos sin saber si está. Eso he decidido respecto a ti, hacerme a la idea de que no existes, aunque ya te haya visto. ¿Por qué? Porque no me pareces real, porque considero casi imposible que exista alguien tan único, alguien con tanto brillo. A menos que, claro, seas un niño caído del cielo y yo no lo haya notado. De ser así, tendré que constatar si tu polvo estelar es real, si tus orejas son distintas, si tu cabello es de erizos espaciales y si tus ojitos están hechos de meteorito. Me parece que, si te has sonrojado, seguramente es porque he adivinado tu origen. ¿De la luna, de algún planeta o de un asteroide? Bueno, da igual, lo importante es que, ahora que sé de dónde vienes y que por fin creo que eres un improbable posible, ¿jugamos con las constelaciones?
Replica a Anónimo Cancelar la respuesta