Exquisita, por decir lo menos. A veces, impulsiva e impaciente como niña, a veces, sensata como mujer. Guarda celosa sus recuerdos, algunos de ellos convertidos en ficción. A los suyos los protege, porque cree en la esencia única, porque tiene instinto felino, porque tiene olfato animal. No se aleja ni por un segundo de su feminidad, pero no aposta, sino porque le es intrínseca. Se cree guerrera y eso basta para que lo sea, aunque la mayor dulzura la he encontrado cuando mira, cuando hace, cuando toca. Le sobran sueños y no le basta su realidad. Se sabe invencible, se sabe una mujer para disfrutar, pero ignora que soy yo el que la está esperando.
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