Dicen los que saben que el habla, al ser una manifestación consciente del ser humano y, por tanto, cambiante, es lo que hace evolucionar -retroceder dirían algunos puristas- a la lengua. Si un idioma deja de desarrollarse, se vuelve una lengua muerta, como los ejecutados que todos los días hay en México. Por eso, y para que a la lengua española no le pase lo que a más de 30 mil sujetos les ha pasado con la violencia del crimen organizado desatada por la guerra entre y contra los cárteles del Gobierno federal, debería incluirse el término «narco» como prefijo, además, claro, de que sea considerado como un sinónimo del sustantivo de la actividad delictiva -narcotráfico- y de la ya aprobada acepción que define al individuo que la ejerce -narcotraficante-. Mi punto es que, como la lengua se adapta a contextos determinados y la realidad define, en gran medida, a la lengua narco debería ser un prefijo aceptado, como ya se usa sin ser oficial, total, todo en este bonito País ya puede llevar el término: narcomanta, narcodinero, narconovia, narcomodelo, narcorestaurante, narcobar, narcoautomóvil, narcopolicía, narcopolítico, narcopolítica, narcogobierno, narcoestado…
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