Hormigas y maíz

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Viernes por la noche. Estoy exhausta y me quedo dormida en cuanto pongo la cabeza en la almohada. Me despierto unas tres o cuatro veces en la noche. Sueño que estoy en la cama y una hormiga grande y roja camina sobre mi brazo. Con la mente, le pido que no me haga daño y parece entender. Se limita a recorrer mi brazo y siento un ligero cosquilleo. La veo entre sueños y quiero dormir y le pido, sin hablar, que se vaya, que me deje en paz. Me mira a los ojos y entiende lo que quiero decirle, así que se da la media vuelta y se va. Despierto.

Sábado por la tarde. Entro a un temazcal con el rito prehispánico completo. El lugar está lleno de hormigas. Las veo y me casusa gracia. Salvo por mi sueño, hace mucho que no estaba en contacto con ellas. Sofía , la guía del temazcal, me pide que no las mate, que no son malas. No pienso hacerlo, respondo. Ayer soñé con una, de las grandes, de las que muerden pero me ha perdonado y se ha marchado cuando se lo he pedido, agrego. Sofía me explica, entonces, que las hormigas son sagradas, que he sido afortunada por hablar con una, porque hace muchos soles fueron ellas las que nos mostraron el maíz.

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