Es de madrugada. Estoy en una habitación de hotel y siento que alguien me vigila. Abro los ojos. Lo veo, es un hombre sentado en el sillón frente a la cama. Está en blanco y negro, como si fuera un negativo fotográfico. No puedo moverme y no puedo hablar. Sé que debo calmarme para pedirle que se vaya. Respiro profundo tres veces pero mi voz no consigue salir. Le digo mentalmente que no debe estar aquí y cierro los ojos deseando que desaparezca. Cuando vuelvo a abrir los ojos, se ha ido y me regresa la movilidad al cuerpo, pero una lluvia de luces me invade los ojos. Unos minutos después todo está en calma y puedo dormir. No tengo miedo pero quiero que estos seres me dejen en paz.
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