La India. Un elefante grande se para frente a mí. Lo veo y quiero abrazarlo, montarlo, cuidarlo. Me pongo de pie y me le acerco, quedando apenas a unos metros de distancia. Sé que me entiende. Con la mente le digo: “Si te rindes ante mí, te cuidaré siempre”. El elefante se postra ante mí en señal de aceptación. Llamo a mi madre para contarle que no podré regresar a casa porque el universo me ha dado una señal y debo cumplir mi promesa.

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta