Un día, sin querer, te das cuenta que ya no puedes dormir si no estás acompañada. Asistes sola a una reunión y sólo piensas en que sería mucho mejor si él estuviera ahí, aunque estuvieran haciendo exactamente lo mismo. Haces un sándwich pero uno entero es mucho para ti, así que tendrás que guardar la mitad porque él no está para que se lo coma. Piensas que puedes acostumbrarte a la soledad, a la independencia, a ir por ahí sin ataduras, pero resulta que hasta el café te sabe diferente cuando no lo tomas acompañada. Y pues eso, que un día, sin querer, terminas por entender que no se puede vivir a medias.
Replica a Anónimo Cancelar la respuesta