Las mejores papas del mundo

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Agosto de 2009. Tomo el autobús de Temazcaltepec con rumbo a la Ciudad de México. A mí mal humor derivado de un mal viaje, se suma el atiborre del transporte, que, para colmo, hará parada en cada comunidad del trayecto. La primera hora me toca de pie. Un hombre lleva chorizo y carne cruda para vender. No hay ventilación en el camión y el olor de la gente que ha trabajado por lo menos ocho horas impregna el ambiente. Se dificulta respirar. Dos niñas y su papá abordan el camión. Son indígenas. No hablan español. Las pequeñas, de entre cinco y siete años, se sientan en el piso. Sus faldas coloridas y sus collares contrastan con el moreno de su piel. Son bonitas. Cada una lleva una bolsa de botanas Takis. Las abren y comienza el show. Sacan una fritura, le succionan con ganas todo el chile, la chupan hasta que no queda un lugar virgen; se embarran toda la boca y poco a poco se enrojecen sus dedos, sus labios y sus alrededores; abren más los ojos ya de por sí grandes y sacan la lengua y abren la boca como muestra irrefutable de enchilamiento. No paran, siguen con la siguiente fritura aunque la boca parezca a punto de explotar. Se asoman a la bolsa y eligen a la siguiente víctima, se asoman esperando que aún les queden muchos manjares por deleitar. Se me antoja. Están felices. Se me olvida el olor y el mal humor. Una de ellas ofrece una botana a su viejo, pero él la rechaza y sigue disfrutando del espectáculo que sus hijas le están dando. Yo también.

Enero de 2012. De camino a Aguascalientes, paramos en la segunda caseta de Querétaro. Compramos agua, pan y dulces. Veo los Takis y sé que ha llegado el momento de probarlos. ¡Por favor, que sepan bien!, pido mentalmente. Comienza el show. Saco la fritura, le succiono todo el chile, la chupo hasta que no queda un lugar virgen; no me mancho, pero mis dedos, labios y lengua quedan enrojecidos; no me enchilo. No me saben a lo que esas niñas me hicieron creer que sabían. Hago un segundo intento. Nada. Odio que no me sepan como a ellas, odio que la edad complique todo, hasta el deleite inocente y esperado de unas botanas. Seguramente son las mejores papas del mundo, porque lo de esas niñas no pudo haber sido una actuación, pero mi gusto atrofiado es culpa de la adultez. La adultez lo complica todo.

Un comentario

  1. Anónimo

    Y dices que no escribes…Si algo te mete y se va ligero y te entretiene y enseña y conmueve y va sin pretenciones, porque fluye y es sencillo y por unos segundos, mientras lo lees no estás, me parece que es suficiente. TA.

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