Escribo porque así me lo han pedido. Últimamente tengo tanto que decir que he preferido quedarme callada. Estoy pensativa. En el silencio se dicen demasiadas cosas, muchas más de las que se dicen cuando éste se rompe, aunque la gente no las sepa leer. Escribo porque así me lo han pedido. No porque tenga fuerza para hacerlo. Estoy cansada. Agotada, no por algo en particular, pero por todo, por trabajar, por pensar, por sentir, por reflexionar, por fluir. Escribo porque así me lo han pedido, no porque no tenga escapatoria. Últimamente me refugio en otras cosas que no son las letras. Me escondo en la risa, en la música, en las noticias, en el yoga o en lo que creo de las religiones. Escribo porque así me lo han pedido, no porque tenga algo importante que decir. Los budistas tibetanos viven más tiempo callados que hablando. Observar sin juzgar nos hace más sensatos, hace que no nos engañemos a nosotros mismos y que no perturbemos a los demás. Escribo porque, tal vez, sí debo regresar a escribir.
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