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A los 5 años…

Quería ser médico, era mandona y la única autoridad que
reconocía era la de mi hermano. Mi papá era mi adoración y mi mamá la vieja
bruja que me regañaba por hacer travesuras. No dejaba que mis tías me regañaran,
me gustaba jugar con mis primos y amaba ir a casa de Los Pipes, donde siempre
era feliz. Comía al parejo de mi hermano y medía la mitad de él. No me gustaba
estar sucia y le decía a mis compañeros de la preprimaria que mostraran
madurez. No coleccionaba nada. No entendía por qué las niñas jugaban a estar
casadas y tener muñecas por hijos, si lo harían de adultos.
A los 10 años…
Quería ser abogada, seguía siendo mandona y la única
autoridad que reconocía era la de mi hermano. Mi papá seguía siendo mi
adoración y mi mamá se convirtió en mi mejor amiga. No me gustaba el ejercicio
y era peculiarmente torpe. Mis tías no tenían razón para regañarme y me hacían
bailar como ellas al ritmo de música pop en español. Los Pipes se convirtieron
en mis abuelos. Comía al parejo de mi hermano y el peso lo reflejaba, pero aún
no tenía consciencia sobre mi cuerpo. Tenía una figura muy desarrollado que no
encajaba con mi rostro infantil. Era ordenada y le decía a mis compañeros que
respetaran a las otras personas. Coleccionaba lápices. Pensar en el noviazgo o
en el matrimonio me parecía inmaduro.
A los 15 años…
Quería ser historiadora. No era mandona y me la pasaba cubriendo
a mi hermano en sus travesuras de juventud. Mi papá seguía siendo mi adoración,
aunque me enojaba con él porque no se daba cuenta que ya no era una niña. Mi
mamá se convirtió en mi cómplice número uno. Comencé a comprender a mis tías y
me gustaba cuidar a mis primitos. Hice mi primera dieta. Odiaba mi cuerpo
porque tenía demasiadas curvas y ponía demasiada atención a mi cuerpo. Era
ordenada y todo indicaba que lo ñoña jamás se me quitaría. Me alejaba de la
gente que criticaba a los demás. Coleccionaba monedas. Tuve mi primer novio. El
matrimonio no me preocupaba.
A los 20 años…
Estudiaba periodismo porque era lo más parecido a
sociología. No era mandona y ya no cubría a mi hermano en sus travesuras de
juventud pero se las festejaba o lo regañaba cuando se excedía. Mi papá seguía
siendo mi adoración. Ya no reñía con él porque al fin se había dado cuenta que
no era una niña. Mi mamá seguía siendo mi cómplice y también se volvió mi
consejera. Dejé de ir a casa de mi abuela con frecuencia, por las múltiples
exigencias estudiantiles. Los domingos, visitaba a Los Pipes y seguía
haciéndome feliz. Bailaba seis horas al día. Tenía un cuerpo delgado pero atlético.
Comía más que mi hermano y, a diferencia del suyo, mi cuerpo lo disimulaba muy
bien. Seguía siendo ordenada y mi afán de perfeccionismo se hizo irremediable. Definí
muy bien a mis amigos y radicalicé mi opinión sobre lo que no quería ser. Poco
tiempo después, me rompieron el corazón por primera vez. Coleccionaba objetos
de vaca. No creía en el matrimonio.
A los 25 años…
Estudiaba una maestría en periodismo. Después de haber
trabajado varios años, volví a ser mandona y vi a mi hermano convertirse en un
profesionista en claro ascenso. Mi papá seguía siendo mi adoración y se me
quebraba la voz cuando habla con él desde el extranjero. Mi mamá se volvió un
ejemplo a seguir. Comencé a ver a mis tías como todas unas mamás.  Los Pipes se convirtieron en mis personas
favoritas, por la paz que me transmitían. Tuve mi primer problema hormonal.
Empecé a tomar pastillas anticonceptivas. Subí de peso y luego, sin querer, lo
reduje drásticamente. Por primera vez, aprendí a desayunar y tomar leche. Para
esta edad, llevaba ya un año siendo vegetariana. Dejé de bailar por lesiones en
las rodillas. Me volví un poco antisocial y mi grupo de amigos se hizo más
pequeño. Coleccionaba zapatos. No tenía roto el corazón, estaba completamente
rota, como palito de pan. Creía firmemente en el matrimonio.
A los casi 30…
Soy periodista pero creo que debí haber estudiado Historia. Quiero
estudiar Teología. Me dedico a dar órdenes y mi hermano sigue siendo una
autoridad, ahora más porque lo veo mejor ser humano. Mi papá jamás
dejará de ser mi adoración y trato de observarlo lo más que puedo, porque sé
que siempre hace algo sorprendente. Mi mamá sigue siendo todo lo que ya era
para mí, salvo lo vieja bruja, pero ahora me enternece. Pipe ya no está en este mundo, pero él y toda su familia sigue inundándome de paz. Mis primitos ya son
más altos que yo. Llevo un tiempo haciendo yoga y se ha convertido en una forma
de vida.  Sigo siendo vegetariana. Tengo un peso sano. Mi físico ya no me preocupa. Mis amigos son una extensión de mi familia. No colecciono nada, aunque últimamente, me invadieron los elefantes. Creo  en el amor y en sus posibilidades infinitas. No
sé qué pensar del matrimonio.

5 respuestas

  1. Anónimo

    Tus primos som más altos y fuertes, tambien te falto decir que ahora eres más nerd que nunca, te quiero Umpa LumpaAlex

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  2. Anónimo

    Lo de fuertes no lo sé, te reto a un tirito… ¡Te quiero niño!

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  3. Anónimo

    Diana E!! muy claro lo que escribes de cada etapa!!! esta increible poder acordarte y escribirlo asi…para que siempre vayas por eso que siempre has querido…te quiero!!

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  4. Anónimo

    Tu pon la fecha y te gano en la condiciones climaticas que quieras

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  5. Anónimo

    Al leerte haces que me imagine exactamente como eran cada una de las cosas que describes, no cabe duda que a mi me encantaba tenerte a ti y a Luis en mi casa, eran como mis súper juguetes!! era de lo mejor tenerlos todos los fines de semana!!! y ahora los extraño, que mal que no podamos vernos mas seguido. Los quiero como hermanos y tus papas ni se diga….Adri

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