Hay dos fuerzas que mueven al mundo y que son igual de fuertes y poderosas: el miedo y el amor. Las dos tienen síntomas similares: pueden hacer que te paralices, que hiperventiles, que tiembles, que no puedas dormir, que tengas taquicardia, que te tiemblen las piernas, que se te vaya la voz, que llores, que te den nervios, que se te enchine la piel, que se te nuble la mirada, que saque tu lado más valiente o el más cobarde, que te impulse. La diferencia siempre son las consecuencias. El miedo suele generar resentimiento, rencor, soberbia, prepotencia, odio o arrepentimiento. El amor siempre termina por generar sentimientos nobles. Todos los seres humanos, en algún momento, experimentamos ambos, pero debes saber que el miedo sólo te hará perder el tiempo y nada bueno te dejará. Así que si quieres experimentar el mejor de los vértigos y el escalofrío más increíble, no te quedes con las ganas de hacer nada, arriésgate, ama y enamórate sin control, sin límite y sin miedo a equivocarte. Tal vez te rompan el corazón o te rompas algún hueso, pero habrá valido la pena.

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