El día que tu papá nació, Nacho se puso tan feliz que rompió el techo del hospital del salto que dio. Quería un varón, alguien con quien jugar, con quien reír, con quien hablar y con quien seguir siendo un niño. Tu papá le cumplió el sueño. Nacho se convirtió en el héroe de mi hermano y él, en su orgullo. Tu abuela y yo lo sabemos pero ellos nunca se lo han dicho, porque llega un día en la vida de un hombre que trata de diferenciarse de todo lo que le representa la autoridad paterna y, aunque se reconcilien con los años y aprendan a comprenderse, los silencios han sido tan prolongados que se hace una mala costumbre quedarse callados. Por eso te lo cuento yo, porque ellos se olvidarán de hacerlo.
Los ojos de tu abuelo
Durante mi vida, vi llorar tres veces a Nacho: el día que su mamá murió, el día que tu papá sufrió un accidente en la cabeza y el día que él se graduó de la universidad. Eso sí, aunque no llore mucho, siempre se le quiebra la voz cuando habla con él o cuando habla de lo orgulloso que lo hace sentir. Le presume a todo el mundo sus logros y, cuando lo hace, le brillan los ojos como si acabara de hacer un nuevo descubrimiento. Es como si para Nacho tu papá representara todo lo que él hubiera querido ser. Lo he visto enderezarse y erguir el pecho cuando se refiere a su hijo y decir “es un chingón, me cae”, casi la única grosería que se atreve a decir y vuelve a guardar silencio. Es en ese momento, al callar, cuando le pide a Dios que lo guíe para que siga siendo tan increíble y feliz.
Los ojos de tu papá
Tu papá se parece a Nacho más de lo que él sabe. A veces no lo entiende ni comprende, pero el tiempo y la distancia le han enseñado a verlo nuevamente con los ojos del héroe que conoció cuando era un niño. Siempre está pensando en él, celebrando sus frases, sus consejos, su risa. Muchas veces, cuando tu papá y yo hablamos, hacemos pequeños homenajes a lo fantástico e increíble que es el extraño mundo Nacho. Uno de esos días, Tipi me escribió: “a veces creo que debería volver, porque siento que me estoy perdiendo lo mejor de mi papá”. Le respondí que Nacho preferiría que estuviera fuera, porque sabía que tendría una mejor vida que aquí. El día que Nacho cumplió 67 años, tú ya estabas en camino y tu papá estaba por irse del país. Hasta entonces, había visto llorar dos veces a mi hermano y ese día lo volvió a hacer, justo cuando me puso esta canción:
Tengo cientos de anécdotas que contarte, pero esto es lo que hoy quiero decirte: no creo que haya hombre en el mundo que ame tanto como Nacho ama a tu padre o la forma en la que tu padre te amará a ti. Por eso, si un día tienes ganas de decirle a tu papá que es el hombre al que más amas y admiras, hazlo, porque tu papá sentirá exactamente lo mismo por ti, tal y como ha sido siempre entre los dos hombres de mi vida.
Un poquito más…
Pese a ser su adoración, tu abuelo jamás le prestó sus carritos a tu papá, porque eran parte de su colección privada. Sin embargo, el primer regalo que Nacho le hizo a tu padre cuando supo que vendrías al mundo fueron algunos de los coches que por años guardó. Tal vez, no hay amor más sólido que el de un padre a un hijo, pero el amor de un abuelo a un nieto debe ser el más dulce, desinteresado e incondicional. Nacho está esperando que llegues para volver a ser un niño y tener con quién jugar, porque su hijo ya se convirtió en un hombre, para él, el mejor de todos.

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