Mis recuerdos contigo

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Tengo un archivo de fotografías mentales en el que guardo con recelo miles de imágenes tuyas. Tus risas llenas de picardía; tu mano sobre mi pierna mientras escuchamos misa; tu sonrisa cuando me ves llegar; tu cara de monstruo malvado con los ojos abiertos mientras persigues a alguien chiquito; tus bailes del hombre más fuerte del mundo; tu cara de concentración cuando estás arreglando algo; tu ojo cerrándose mientras me dices “oh”, como en aquella película que tanto nos gusta; las incontables veces que te sentaste en mi cama para contarme algo; tus brazos cruzados en la mesa, esperando tu café después de comer; la sonrisa de complicidad cuando me enseñas algo escondido en tu bolsa del pantalón, probablemente porque lo robaste de algún lado; tu cara cuando te quedas dormido en el sillón; la forma en la que te tallas los ojos cuando te quitas los lentes; tus abrazos curativos…
También tengo un archivo mental de audios en el que figuran frases como “aquí vivía el Morado”; “esta es una verdadera curva, señores”; “vamo a ver el átomo”, “el hijo de Kumasawa”… En este archivo, están también tus consejos, tus canciones cantadas a medias, tus preocupaciones, tus tristezas, tus chistes mal contados, tus historias de cuando eras niño, los secretos que me cuentas, y tu “hola mija”, un común saludo con el que siempre me dan ganas de llorar.
No hay palabra o gesto tuyo que no me haya aprendido de memoria. Lo he hecho a consciencia porque no quiero olvidarlos, porque quiero saber que aproveché todos los días junto a ti. La razón es muy sencilla: de todas las personas que amo, eres la única que seguramente no volveré a ver en la siguiente vida. Tú has vivido ya tanto que no reencarnarás, serás luz y tu recompensa será jamás volver a pisar este retorcido planeta, porque habrás trascendido, porque habrás evolucionado, porque estarás donde sólo los iluminados merecen estar, junto a Dios. Entonces, ¿qué haría yo son ti, sin tu risa, sin tu cara, tus bromas, sin tu barriga, sin tus palabras que me calman, sin tu andar pausado, sin tus cariños, sin tus abrazos? Por eso me aferro a adorarte, a aprenderte, a memorizarte, para que cuando me toque volver a vivir una nueva vida, queden huellitas tuyas en todos lados, queden pistas y rastros que me regresen siempre a ti.
Si mi madre me dio la vida, fuiste tú el que me enseñó a vivirla mejor, con cadencia, sin prisa, con ganas. No espero que la gente comprenda quién eres, me basta con saberlo yo: eres mi padre, eres mi héroe, eres el hombre que me enseñó el amor más inocente y desinteresado, y eres el único ser humano que conozco que en esta vida alcanzará la máxima evolución y la plenitud de todas sus vidas.
Honro tus 70 años, honro todas las vidas que has tenido que vivir, honro que me hayas dejado ser tu hija, honro cada uno de tus aprendizajes y, sobre todo, honro poder amarte todos los días como tú me ensañaste y como sólo tú y yo lo sabemos.


2 respuestas

  1. Anónimo

    The most beautiful message on this Fathers Day. Thank you for expressing these thoughts with such genuine care.

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  2. Anónimo

    Que bonita mensagem. Certamente você é a garotinha do papai haha

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