Nicolás

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De cero a uno

Me partí. Un dolor me atravesaba todo el cuerpo, desde la planta del pie hasta el abdomen. Cada pisada o movimiento se sentían como cuchillos que se encajaban con fuerza. La fiebre no cedía. Restos placentarios se quedaron en mi cuerpo y la muerte de ese órgano que te permitió formarte provocaba en mí una infección que los médicos no lograban controlar. Una, dos, tres… seis aspiraciones para intentar sacar todo de mi cuerpo. Luego vino la rotura del abdomen, la herida supurando, la anemia, el no poder amamantarte, cargarte, cuidarte. Cuatro meses en cama, sin mejora, y yo sólo podía pensar en ti y en tu hermano. Mis padres cuidaron de los tres. “Hoy no me voy a morir. Dios, déjame vivir para verlos crecer”, repetía en los ratos en los que me podía mantener despierta.  Y sucedió. 
Los meses siguientes fueron de recuperación paulatina, pero también fueron meses en los que quise recuperar el tiempo para conocerte. Me aprendí de memoria tus gestos, tus llantos, tus necesidades motrices y corporales, tu forma de estar, tus miradas. Habías tenido en todo momento una paciencia infinita conmigo, con tus abuelos y con tu hermano. Significabas para mí la vida en medio de tanta muerte, la esperanza en un mundo que se vislumbraba triste por la pandemia de Covid. Llegaste a completar esta familia, llegaste con fuerza y rodeado de amor infinito. Llegaste poderoso. Llegaste implacable.  

Uno

 

El día que cumpliste un año a Nacho le diagnosticaron cáncer. Yo estaba ya  completamente rota, cuidando sola a dos hijos a los que les debía contención y amor, tratando de desenredar los cientos de nudos que sentía en el estómago, en la garganta, en la cabeza y en el corazón. La noticia de mi papá me dejó paralizada. Recuerdo haberte comprado un pastel y tratar de disimular las lágrimas mientras te cantábamos “feliz cumpleaños”. Me sentí culpable. Quería que tuvieras un día bonito por todos los que no te pude dar mientras yo estaba en cama. No pude, no tuve fuerzas. Tu hermano me abrazó mucho ese día y se quedó dormido conmigo. Él también estaba herido. En cambio a ti te sobraba temple.

De uno a dos

 

No me equivoqué cuando dije que eras agua; puedes ser un río en calma, una lluvia refrescante o un poderoso tsunami que arrasa con todo. Contigo no hay medias tintas, o eres amoroso y generoso o te plantas sin posibilidad de negociación. Amas las pelotas, los coches, los fantasmas, los zombies, las brujas y los esqueletos y disfrutas tanto ser un miembro más del Halloween. Tienes los ojos y la sonrisa más transparentes que haya visto jamás y no hay nada más fascinante que descubrirte todos los días. Tienes siempre amor incondicional y lealtad para tu hermano y eres capaz de irte a golpes para defenderlo de quien sea. Tu poder se parece tanto al de mi hermano pero tu dulzura se parece a la de mi padre y eso garantiza el gran ser humano que serás en el futuro. Sé que no dormiré por mucho tiempo, sé que me mandarán llamar de la escuela infinidad de veces, sé que la gente te amará cada que te descubra y sé que tu locura es genial. No me da miedo tu destino. Sé quién eres y sé de qué estás hecho. Conozco tu poder de cerca y sé que no habrá nadie ni nada que te derrote si así lo decides. Nos quedan muchas pantallas y vidrios rotos, muchas macetas sin tierra, muchos teléfonos estrellados, pero seguiré disfrutando cada uno de tus pequeños caos mientras doy gracias de poder verte crecer.


4 respuestas

  1. Anónimo

    Sinto tua dor aqui! Sinto muito, Diana. Sinto muito.

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  2. Anónimo

    Tu eres la mejor mamá

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  3. Anónimo

    Profunda e hermosas palavras

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  4. Anónimo

    Es un bebé maravilloso lo amo

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