Te solté para recuperarme. Te quité el poder que te entregué algún día, para volverlo a poner en mí, en mis intenciones, en mi voluntad. Te había entregado el corazón sabiendo que podías herirlo, confiando en que jamás lo harías. Fallaste, me equivoqué. Necesitaba liberarme del peso de la espera, dejar de cargar yo sola con todo este amor, con todos los sueños, con todas las expectativas. Te dejé ir aun sin querer despedirme. Me dolían ya las manos de tanto sostenerte, me dolían ya los hombros de tanto preguntarme cuándo elegirías estar junto a mí. Me desprendí de ti, de lo que más amaba, porque al hablarte no encontré respuestas, sólo el eco de mi voz. No me busques, porque no volveré a ser la misma el día que te encuentre, pues contigo habré matado ya una parte de lo que yo era. Te solté, ya sólo fantaseo con la idea de no extrañarte, de no quererte, de no adorarte.

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