Sé que tu insomnio está lleno de mí, de mi aroma, de mis risas, de mis manos, de mi boca, de los recuerdos de aquellos días de sol. Sé que estoy detrás de cada silencio, de cada suspiro, de cada anhelo, de cada deseo no pedido, de cada sonrisa forzada, de cada mirada perdida. Sé que me sigues, que me lees, que me adivinas, que me celas, que te mueres por estar aquí, que imploras que no te olvide, que le ruegas a Dios porque te espere. Tiempo es lo que pides para que estemos juntos. Valor es lo que te hace falta para lograrlo.

.
Siento tu peso sobre mí, siento cómo me llamas, cómo me añoras, cómo te resistes a dejarme ir. No puedo seguir atada a ti por un pensamiento. No puedo seguir unida a ti sólo porque me necesitas. Te aterra la idea de perderme, pero te pesa más la tiranía en la que vives. Yo me alejo porque esta agonía silenciosa se parece a un entierro. Tú te aferras a retenerme porque te asusta verme morir.
.
No vienes nunca pero tampoco te vas. Ni te quedas, ni te atreves, ni te arriesgas, ni llegas, ni me olvidas, ni me dejas, ni me quieres, ni me eliges, ni me pierdes, ni lo acabas, ni lo salvas, ni haces nada por cambiar la realidad. Por eso quiero que me sueltes, que me olvides. Tienes que matarlo. Yo me sostendré el corazón para evitar que se vaya de nuevo contigo, para evitar perderlo, para evitar perderme. Nos quedaremos al fin en silencio, en una despedida a medias, cruel y sin dignidad. Ya no nos perteneceremos. Solo me quedará una duda y una pregunta sin contestar: ¿en dónde estaríamos hoy si hubieras elegido el amor en lugar del miedo?
Replica a Anónimo Cancelar la respuesta