No me tocaba tenerte. No iba a ser yo la que ocupara tus noches y alegrara tus días, la que te abrazara siempre con dulzura, la que cumpliría tus fantasías. No me alcanzaron las fuerzas, la paciencia o las ganas, ni el tiempo, ni la entrega, ni toda la esperanza. No bastó con traicionar mi credo ni sacrificar mi alma. No logré despertar junto a ti cada mañana, ni perderme en tus ojos, ni sostener tus manos, ni recoger tus miedos, ni provocar tus risas. No nos tocaba empalmar nuestros mundos ni cumplir nuestros sueños. No importa cuánto te haya amado, no nos tocaba en esta vida, ni nos tocará en otros tiempos.

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta