Vacía. Así se siente cuando se queda en silencio, por eso lo evita con gritos y peleas o lo evade con compras de lujo, con eventos y reuniones sociales donde puede presumir lo que tiene, porque le apena presumir lo que es.
Indigna e insuficiente. Así se reconoce porque ha decidido quedarse con él, quien durante años le ha hecho saber que no la ama, que no la prefiere, que no la desea, que no la necesita. Justifica su permanencia en nombre de los hijos, a quienes usa como moneda de cambio para asegurar su matrimonio, y quienes preferirían verlos separados a tener que seguir atestiguando sus múltiples violencias.
Insegura. Así vive todas las noches cuando él se funde entre la fiesta, las mujeres y el vicio. Teme que un día él deje de ceder a sus chantajes, reúna el coraje que le hace falta y decida dejarla. No es el amor lo que le dolería, es el ego, es la vergüenza, es el peso de tener que reconocer que no es perfecta, es el repele a la incomodidad, es el miedo a la afrenta pública, a la crítica, al escrutinio social.
Tirana. Así actúa, así garantiza su supervivencia. Entendió que el miedo alinea y aliena, así que ataca, ofende, divide, murmura, manipula o ignora para afianzar su delantera, para que no se atreva a irse, para asegurar que él se queda. Y mientras más se expande su reinado de opresión y atropello, más miserable se siente, porque al quedarse con él, ella sabe que (se) pierde.
Escucha: July

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