La vitrina de Consuelo

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El 16 de septiembre de 1995 conocí el sufrimiento que provoca la muerte. Esa noche, sola, en casa, tuve miedo de olvidar a Consuelo, así que le pedí a Dios que no me quitara su recuerdo y, como siempre, me lo concedió.

Durante años la imaginé igual, enferma, sin tecnicopía, sin habla, sin sueños, sin ganas. Otras veces, las menos dolorosas, pensaba en ella cuando todavía podía caminar, persiguiéndonos a mi hermano y a mí, escondiendo la comida o tirándome un plato de sopa en la cabeza. Pero, tras haber recorrido 9,062 kilómetros, volví a ver su vitrina con su bailarina de flamenco, sus castañuelas, sus abanicos y otros de sus miles recuerdos nostálgicos. Entonces, su imagen renació.

Volvió con sus mofletes rosados, sus sombras azules y sus cejas delineadas. La vi sonriente, riendo de algo, y orgullosa de su fantástico peinado de salón y sus largos collares de cuentas de colores. Estaba sentada frente al televisor en el último cuarto de su departamento, mientras yo imaginaba los tesoros que debía de esconder en el primer cajón de su cómoda. Después, me dio 20.000 viejos pesos de domingo, me llevó al café de chinos del cine Continental y, al final, me dio un dominico que sacó de su bolso tejido.

No sé cómo supieron los españoles sus secretos, no sé cómo se las ingeniaron para adornar sus aparadores de souvenirs como la vitrina de Consuelo, pero se los agradezco, porque me regresaron a mi abuela antes de que “el alemán” terminara de azotarla.


8 respuestas

  1. Anónimo

    Decía Camilo José Cela que La muerte es una amarga pirueta de la que no guardan recuerdo los muertos, sino los vivos. Por mucho que maquillemos el mundo, los recuerdos persisten en lo vivo…

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  2. Anónimo

    Todas las abuelas son una «Consuelo», guardan en secreto los cubiertos del avión y forran los muebles con plástico para evitar el desgaste del tiempo. Algunas veces son vergonzosas, pero si sabes escuchar y sueles ver dentro de las personas, encontraras un tesoro. Interactuar con los más viejos además de enseñanza, te recuerda por qué sigue vivo este puto país de mierda.

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  3. Anónimo

    que triste que tus recuerdos más claros no sean esos, es entendible por la edad que tenías y lo que viviste con ella, pero ojalá tengamos la oportunidad de tener pláticas en donde regresen tus recuerdos a la abuela cariñosa y consentidora que era. tqm

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  4. Anónimo

    Újule, me hiciste recordar a la mía, que tenía varias vitrinas con miniaturas. Había de todo, de papel, de pasta, de barro, de mimbre; caballos, ranitas, muñequitas, pulgas vestidas, carritos… hasta un Marcos mini llegó a tener. Me pregunto dónde están, esas que ella llamaba sus «curiosidades»…

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  5. Anónimo

    MUUUY BONITO RELATO.

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  6. Anónimo

    órale, por si quieres hacer una contribución:http://postguiltypleasures.blogspot.comBeso.

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  7. Anónimo

    te esperamos acá botoncito

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  8. Anónimo

    ya n0s debes otro!!!!!!

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