Tipi creció más rápido que los demás, evolucionó más rápido que los demás y se equivocó más rápido que los demás, pero también aprendió más y mejor. Hoy sé que él había encontrado algo que el resto tardaría mucho en descubrir: las ganas de ser. Es simple: los visionarios viven antes, mientras que el resto de la gente sólo sigue el camino que ellos fueron trazando.
Hay personas a las que no puedes frenarles el paso, porque su propia inercia terminaría por arrollarte. Hay otras que, por la luz que desprenden, iluminan más allá de los horizontes. Mi hermano reúne ambas características, por eso tuvo que partir. Además, claro, de que este País le quedaba muy chico. Once años después, mi miedo se convirtió en total admiración.
Deja un comentario